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martes, 29 de noviembre de 2011

"DEMO" de Miguel Vargas Valladares.



Una vela encendida en primer plano, íntima y cercana, se abre entre una densa oscuridad, también cercana y familiar. A contraplano, una ciudad, Lima, que amanece iluminada artificialmente, siempre fría y distante, pero inevitablemente envolvente. Una metáfora del individuo cuya naturaleza noble, se torna sombría por el entorno, como si de forma paradójica, estar apartado emocionalmente de todo y de todos, le facilitara abrir su buen corazón, como si la ciudad le hubiese enseñado la frialdad y la manera fáctica de relacionarse, pero que valiéndose de ella, alcanza a mostrar su afecto a quienes de veras importan.

Luego, un par de amigas se encuentran, caminan, conversan de banalidades, tales como si el servicio de fotos internet es una estafa, si el chocolate es peor que el alcohol para la gastritis, entre otros. De pronto, de forma tarantinesca, el tema cambia a algo de “mayor importancia” dentro del todo de la película; comienzan a hablar de las relaciones interpersonales. En ese momento, y casi inadvertido, ingresa al plano el protagonista, cruzando la calle, como si todo lo observado hasta ese entonces fuera una excusa y a la vez, preludio.

Así, con esa fuerza cinematográfica, Miguel Vargas hace un intro a “Demo” su ópera prima, dejando que en todo momento la “imagen natural documentada” se imponga a la poesía de la “imagen tiempo” y sobre los efectismos de la “imagen acción”. Para Miguel lo importante es cómo se llega a los momentos que realmente importan en el desarrollo de la historia, y deja a entrever los porqués. Constantemente disocia información entre diálogos nada impostados y de extremo naturalismo, con detalles que deben ser apartados y resaltados por el espectador. Hay momentos digresivos y que sólo adquirirán sentido en la medida que seamos capaces de relacionarlos con sus pares dispersados con un ritmo “semicromático”, es decir, la aparente linealidad de los hechos es revertida por escenas temporalmente descontextualizadas, y que adquieren su lugar conforme la dirección narrativa va siendo retomada, pues Miguel desea que sus planteamientos abanderen nuestro visionado, de tal forma que nos insta a construir no sólo la historia, sino la siquis completa de sus personajes en relación unos con otros, con el entorno y con el espacio tiempo de la Lima actual.

Porque para Miguel Vargas, las relaciones entre familiares, hijos, parejas o ex parejas, amigos, compañeros de trabajo, etc. Están cubiertos de cierto pragmatismo con sus acomodos; si una familia no funciona, nos separamos, no hay porqué llevarnos mal, si un ex no cumple con sus “deberes”, no hay porqué darle “derechos”, si un hijo es hiperactivo, hay que llenarlo de videojuegos, si alguien es molesto, simplemente lo desaparecemos, y si debemos desaparecer a alguien, esta debe ser una tarea tan natural y metódica como archivar documentos en una oficina, dejando poco espacio para la reflexión, sino más bien en el alcance de lo inmediato que nos ayude a “estar tranquilos”.

La película tiene como eje la historia de Micky, un tipo que no ha dejado aún sus hábitos juveniles, escucha la misma música de cuando aún estaba en el colegio, viste como seguramente vestía en sus días de adolescencia, y habla con la frescura de un pícaro púber.

Pero Micky, ha pasado por mucho; ha salido de su casa por problemas con su padre, vive solo con sus 3 perros, se ha separado de su mujer con quién tiene un hijo, recibe constantemente la visita de su hermana que lo busca sólo para pedirle ayuda, y sólo ha aceptado la adultez en el aspecto laboral, convirtiéndose en lo que tal vez nunca imaginó; un oficinista explotado.

Lo interesante en la historia de Micky es que ha sido asesino a sueldo, y que el aparente episodio de madurez que le trajo la paternidad le hizo abandonar dicho oficio. Pero las circunstancias se han hecho duras y le obligan a retomarlo, de ahí, se entrecruzan la historia de un hombre que quiere deshacerse de un familiar (quien tiene un misterioso encuentro con una muchacha, siendo este posiblemente el detonante de su fatal destino) y que contratará sus servicios a través de una service atendida desde un cibercafé barrial, por una mujer, la “gorda” que atiende a sus clientes como si se tratase de un delivery, o a través del “negro”, un ex futbolista de ligas locales que también hace “trabajos” casuales, entre otros personajes, todos extraídos de una realidad cercana, tangible, y conocida de primera mano, con un interés por la verosimilitud que evita la dureza de lo superficialmente construido sobre supuestos.

Lo importante en cualquier película de similares características sería el “trabajo” o al menos los pormenores del mismo; los cuestionamientos del asesino, su planificación y resolución. Pero en este caso, eso es meramente anecdótico, un hecho más que no altera la peculiar escaleta, y que más bien es parte de un fondo del que se justifica todo en la película; La vida humana vale tanto como la paternidad, o la filiación, la relación de pareja, o un empleo aburrido, y todo ello sólo son cálculos cotidianos, nada extraordinario, nada filosófico, ni teológico, sólo la existencia simplificada a lo que se quiera alcanzar, la tranquilidad vista desde la apatía, la paz interior que más significa aislamiento, y la supervivencia que es más una serie de condiciones y exigencias que se enfrentan con una parsimoniosa deportividad. Hay un momento en la película en que esto se ve claro, cuando el solitario Micky almuerza junto a sus perros.

Micky no es malo porque a pesar de sus errores como padre, se preocupa por su hijo y por su ex pareja, ayuda a su hermana y a su pequeña, asume responsabilidades, es “buen pata”, en fin. Micky no es bueno porque asesina a alguien para solucionar sus problemas. Él y su trabajo no son buenos, ni malos, sólo necesarios en la realidad que muestra Miguel Vargas. Esta Lima en la que, según comprobamos en las noticias, puedes por menos de20 soles acabar con algún desdichado indeseado. Y es que ese Micky “buena gente” es natural, el “otro” es sólo producto de la sociedad que lo cobija. Hasta ahí, es la recurrente historia del alter ego que lucha por el control del individuo, pero lo diferente aquí es que no hay un límite ni siquiera levemente marcado, tal es así que al parecer su ex pareja sabiendo de su anterior ocupación, y sin que esto le despierte un pestañeo, le insta a retomarlo debido las necesidades presentadas. Micky no quiere hacer esos trabajos no por cuestiones morales, sino por cierta “flojera” debido a su adolescencia arrastrada.

El valor de la vida se refleja en la escena final de la película, en la actitud de la familia en su visita al cementerio, como si se tratase de un viaje al centro comercial o una salida a algún almuerzo campestre. La asimilación de la vida ha sido y es tan dura que aparentemente la muerte no detiene este proceso, ese que nos toca vivir, y donde nuestro valor está encerrado en qué podamos ofrecer o qué encontramos hacer para estar bien.

 

miércoles, 16 de noviembre de 2011

EL CINE INDEPENDIENTE SEGÚN JOHN CASSAVETTES




No realizaré jamás un film comercial. No se puede pasar a la gente para que se interese en cualquier cosa. Es malsano, insalubre. Si puedo haré films con no profesionales, gente que pueda permitirse soñar con una recompensa importante diferente a la monetaria, gente con un deseo frenético de participar en un juego creativo sin saber exactamente de qué se trata. Lo que exijo a un equipo, es que brinden tanto amor al film, a la historia, a los actores y tanta inventividad y audacia como les sea humanamente posible. Es lo que he logrado con Shadows y con Faces; gente que no tenía ninguna experiencia técnica se ha abocado, cámara en mano, a ocuparse de los muebles, a participar en las discusiones sobre la escena, en suma a funcionar como un verdadero equipo de cine para el film.


Es este tipo de espíritu el que falta en el cine comercial donde los síndicos quieren controlar la marcha pensando en la próxima inversión, y aceptan la vida marchita que la sociedad organizada les ha reservado... La mitad de los problemas que los cineastas deben afrontar, es que se ven forzados no solamente a adaptarse a los actores, sino también a los técnicos, a la oficina de producción, y a los problemas financieros; en resumen, nunca les queda el tiempo preciso para dedicarlo a los problemas más importantes: a saber, ¿qué es aquello que ellos quieren decir a b>todo precio?


Extraído del libro "John Cassavettes, por el mismo".

sábado, 8 de octubre de 2011

PROYECTO LIMA-Z: EL APOCALIPSIS ZOMBIE LLEGA A LIMA



 
Los directores capitalinos Eduardo Quispe Alarcón, Jim Marcelo Santiago (“1”, “2”, “3” y “4”),  Miguel Vargas Valladares (“Concreto” y “Demo”) y Rafael Arévalo (“Alienados, Kasa okupada”) preparan un film políptico denominado “PROYECTO LIMA - Z”, que tendrá la particularidad de ser la primera película de zombis limeña.

El proyecto constará de 4 cortometrajes en los que cada director presentará su visión personal de una Lima post apocalipsis zombi. Puntos de vista en los que, como dicta la tradición en el sub género, son las relaciones humanas en los momentos de crisis el mayor punto de atención.

Como ya es conocido en el modo de producción de estos jóvenes directores, la película será totalmente autofinanciada, de ínfimo presupuesto y realizada de manera autogestionaria. Estos son los motivos por los que los directores lanzan una convocatoria abierta al público en general, amante de las singulares criaturas de George A. Romero y otros maestros del sub-género, a colaborar y participar en esta producción.

El “PROYECTO LIMA-Z” se encuentra en fase pre-producción y se planea iniciar las grabaciones en el mes de noviembre de este año.

Los interesados en ser parte de esta peculiar aventura, pueden escribir al correo: proyectolimaz@gmail.com

lunes, 1 de agosto de 2011

Mi Perú...De siempre...De nunca...



Pasé fiestas patrias durmiendo, despertando, viendo películas (de esa ruma que había acumulado como “pendientes”), tocando música, escribiendo cosas que publicaré después, preparando un ciclo de cine para el cineclub de la Escuela de Bellas Artes (que arranca el jueves 4 de agosto), planificando la pre producción de mi 5º largometraje, reuniéndome con mis compinches de la obra colectiva que pronto saldrá a la luz (ya escribiré más adelante sobre eso). Además, la obra multidisciplinaria que tengo entre manos... y bueno, aprovechar que estoy sin “trabajo”, pero produciendo, y mucho.

Sabía del cambio de mando, del discurso de Humala, pero ni me acerqué al televisor. De igual modo, revisaba correos, leía artículos, columnas, y uno que otro libro...También blogs, actualizaciones, y bueno, veo que como siempre la gente sigue peleándose, sigue pidiendo cosas a quienes nunca les prometieron nada…Leí por ahí a gente desgoznando de su habitual silencio y defendiéndose de una ofensa que asumieron como personal. No siento ningún interés personal en responderles.

He vivido 30 años en el Perú como para conocer a los peruanos.

En mi ignorancia y trasnochamiento me siento feliz y complacido por hacer lo que me da la gana sin tibias comparaciones, ni estándares autoinflingidos. La cordura es el estándar, la comodidad de llevarse bien con todos te hace sentirte libre de estar al otro lado. 

Suele suceder que cuando alguien es sincero (que habría que serlo con uno mismo primero) y se siente libre de tapujos, se hace de cierta infamia, de ciertas ojerizas impensadas, o en el mejor de los casos, se le cataloga a uno de “radical” o de "ignorante" e inmediatamente salen los defensores del “aquí no pasó nada” a pasarle trapos tibios o asentar el café, para que no sepa tan amargo.

Me tiene sin cuidado.

¡Felices fiestas patrias! ¿Ya pasaron?,  ¡Qué más dá!...el Perú es el de siempre, el de nunca...

martes, 5 de julio de 2011

¿Qué es el cine independiente?



En simples palabras; ver una película que me produce la sensación de deberse a sí misma; que no está parametrada a ganar un Festival, a gustar a cierto típico crítico que cree que ver crecer la hierba es cine, o que mostrar a 2 personas tener sexo explícito es ser arriesgado, que se esfuerza por ser “interesante” entendiéndose esto como mostrar historias bizarras (reales o ficticias), con personajes lunáticos, caricaturizados a lo MTV o Locomotion, que se introducen tubérculos al cuerpo, o marginales que beben su propia orina, que se tatúan con sus propias uñas arrancadas de raíz o que son adictos al insecticida para hormigas.

Las poses pop art cholo, las citas de escritores “malditos”, los embustes de intervenir un registro documental para ficcionalizar, la estética reality show, porque eso está de moda. Esas tonterías de manipular la imagen con filtros cochinos, o de colorcitos sicodélicos que ya son anacrónicos, de buscar ser la versión peruana y autárquica de Bresson, de intentar, y sólo eso, ser Tarantino trasnochado, Gonzales Iñarritu en ayawasca.

Darle giros a la historia, todo ese desmadre saturnino de que los malos sean buenos y los buenos no tan buenos y las fruslerías al estilo Christopher Nolan sin genio.

Osea, no hacer una película furcia que postule a que dentro de cuatro años le caiga financiamiento para el “transfer”, una irrumación de productor o financista que siempre busca “mejorar” algunos aspectos formales y narrativos a fin de “vender mejor” la película.

Hago aquí un paréntesis: si haces una película para venderla, entonces eres más comerciante que cineasta, no sé hasta qué punto pero, no podrás negar que haces la película para que determinado público la consuma, y utilizarás determinados códigos y parámetros de venta, algo que haga tu película “aceptable” para muchos o algunos muchos.

Nadie tiene derecho de descalificar, no pretendo hacerlo, sólo se trata de poner las cosas claras. Si alguien me dice que George Lucas es tan independiente como Rafael Arévalo, no me lo trago.

Un director puede creer en sí mismo, en sus ideas, en sus propuestas, y darse por ellas. ¿Eso es ser independiente? Las convicciones no hacen la independencia, es más podría decir que la maniatan. Los principios hacen la diferencia, porque está respaldado por el sentido común, por la búsqueda de bienestar comunitario, pues son en esencia éticos y morales.

Una convicción en cambio, tiende a ser ciega muchas veces, se puede confiar falsamente. Muchos directores pueden tener la convicción de que sólo una industria puede salvar el cine, como si la cantidad, las cifras de dólares elevadas y las estéticas clasificadas, etiquetadas, empaquetadas y puestas a la venta como “novedades”, puedan ser determinantes para las calidades o mejor dicho, para la variedad, y no me refiero sólo a géneros, pues la industria del embrutecimiento (o lo que algunos llaman entretenimiento) es experta en brindar la ilusión de la novedad en lo repetitivo, de lo único e individual en lo que lleva código de barras. Hay que ver a un quinceañero que se cree único porque escucha a Tokio Hotel para darse cuenta de eso.

Ok, el cine necesita público para existir, pero asumir que el público es homogéneo y que por eso las películas deben serlo, me parece insultante, es asumir que al público hay que tratarlo como a débiles mentales.

Ser independiente conlleva asumir una posición radical; los cineastas de la posvanguardia rechazan la homogeneidad y la globalización de las imágenes, así como el discurso único, las imposiciones del lenguaje dictado por parámetros neocolonizantes. El cineasta independiente está contra la mercantilización y banalización de los valores de las imágenes, pues estas le dan forma a nuestra condición humana, nos identifican, nos dan un patrimonio cultural, nos hacen ser nosotros.
 
El cineasta independiente está contra lo políticamente correcto, pues de lo contrario sería un empleado más. Para ser independiente tienes que rebelarte y rechazar los discursos oficiales, navegar contracorriente, mantener una actitud y postura de crítica radical.

En el arte las palabras más comunes deben ser radicalismos contra lo establecido.

Los cineastas viven y producen el constante desplazamiento del mundo del arte, en muchos aspectos. El lenguaje audiovisual ha cambiado y está cambiando, pero es más significativo el caso del cine. De la vanguardia se heredaron la experimentación, los planteamientos eclécticos, lo multidisciplinario, el dialogo con las otras artes, la asimilación de los avances del pensamiento, de la filosofía, de la estética, los nuevos enfoques históricos, los revisionismos y todo aquello que se opone a que las cosas estén bien tal como están en beneficio de los de siempre.


El cine puede ser un instrumento de resistencia, una acción política; arriesgarse a equivocarse, ir a la incertidumbre en vez de conformarse con un falso saber impuesto. Cómo diría Ángel Quintana de Cahiers du cinema: “El cine digital no ha servido únicamente para crear los mundos en los que Lara Croft acabará ganando el Oscar a la mejor actriz, sino también para aumentar el deseo de filmar las ruinas de nuestra civilización.”
 
Carlos Losilla dice: “¿Por qué no ser radicales? ¿Por qué no poner al espectador contra las cuerdas del sentido, de sus límites? ¿Por qué no aniquilar todas sus certezas para salvaguardar la excitación de la búsqueda constante?”

Ahora, para muchos el cine “independiente” ya tiene fórmulas.

Más allá de presupuestos, financiamientos, de formatos, soportes y asuntos técnicos, la independencia es autonomía, es hacer la película menos dependiente de un factor de gusto externo, sea este el de un “público”, el perfil de un festival, la endogamia con la crítica, y sobre todo, la concesión con el lenguaje homogenizado, industrializado. Que una película independiente intente “ser” como una película de industria, o que busque codearse con el circulito indie sundanceado o, como diría Alberto Fuguet, rotterdaniano, es casi como vender sándwiches al costado de Mc Donalds.

Pero, justamente para eso vale la pena poner las cosas claras, porque si ser independiente es la etiqueta que te hacer estar dentro del sistema sin ser parte de él (osea, sí, pero no) entonces es un embuste, una patraña. Tomar coca cola o pepsi no importa mucho, un independiente preferirá siempre un emoliente en la esquina.
Ser cineasta independiente no es cómodo, es peligroso. Si sólo se tratara de armar historias frikis, de buscar tipologías seudo marginales, de estéticas extremistas que rayan entre el videoarte y el videoclip, la cosa sería tranquila.
Se trata de decir lo que otros callan, de no escudarse en la tibieza, de incomodar, de no deberle nada a nadie, para tener siempre la libertad de no tener reparos en lo que se dice, de mearse en el protocolo, en lo políticamente correcto, de zurrarse en las normas de viejos enciclopedistas con sus miles de “esto no se debe hacer”.
Podría concluir en que ser independiente es algo así como ser suicida, con todas las ventajas y compromisos que ello implica.


lunes, 4 de julio de 2011

FESTIVAL DE CINE LIMA INDEPENDIENTE: UN BALANCE PERSONAL


Teoría de cuerdas (Luján Montes, Gabriel González Carreño, Clara Frías, Laura Focarazzo y Luciana Fo.  Argentina, 2010)


112 obras cinematográficas, la mayoría inéditas en el país, provenientes de diversos lugares de nuestro país y del extranjero, retrospectivas de Richard Kerr y Raúl Perrone (de quien además hubo una exposición fotográfica) y un justo homenaje al recientemente fallecido cineasta nacional Armando Robles Godoy. Nuevos espacios, nuevo público, nuevo cine.

El Festival de Cine Lima Independiente mostró mucho más que películas. Mostró que el cine, como manifestación cultural es patrimonio de dominio público (en lo que a exhibición se refiere, no a los derechos de cada realizador sobre su obra, aunque personalmente me gusta más lo que dijo Godard: “Los artistas no tienen derechos, tienen deberes”) y como bien público ha de ser accesible a todos los públicos. Ahora, no es que me oponga a retribuir a un creador que vive de su creación. Lo que sí me opongo es a pagar precios abusivos que benefician más a intermediarios (quienes tienen derecho a la usura, pero a mí no me interesa beneficiarlos) que mayormente tienden a la elitización. La accesibilidad es una garantía para contrarrestar también a los facilistas que piensan que ciertas películas son snob, o que el hecho de que no sean masivas las hace impasibles e indigeribles.

También pudimos ver que, al igual que las películas, sólo basta una idea en la que creer (así es mis queridos posmodernistas, las ideas y la fidelidad a ellas aún no han muerto) para poder crear. El poder de creer es el poder de crear. La organización del Festival costó, pero el precio lo pagamos todos, en un esfuerzo comunitario en el que instituciones, colectivos, realizadores, críticos, cinéfilos y sencillamente seres humanos que se enteraron de esta iniciativa, simpatizaron por la misma y aportaron con apoyo económico, con sedes, soporte técnico y apoyo en las proyecciones y actividades del Festival. En tiempos de dictadura de la economía de mercado, esta actitud de desprendimiento es realmente loable.

(Manuel de Ribera de Christopher Murray y Pablo Carrera. Chile.2010)

 
Ahora, con respecto a las películas, que es al fin lo que realmente nos importa, tener acceso a obras de notable calidad expresiva (porque personalmente, me zurro en lo que digan los puristas de la imagen, la ‘notable’ fotografía de comercial de perfume y el preciosismo high tech) curadas y reunidas en una programación de toda una semana realmente me dejó exhausto, abrumado, alucinado y fascinado. Los trabajos de Raúl Perrone, pionero e ícono del cine independiente en la región, reunidos por primera vez para el público peruano, nos dieron la oportunidad de acercarnos a una de las propuestas que desde la década del 90 desencadenaron, en muchos casos, la idea del cine de temática cotidiana, de muy bajo presupuesto, y en formatos caseros.

Descubrir tesoros como el documental Parador Retiro (2010) del argentino Jorge Leandro Colás, la mirada madura y sensibilidad de José Luís Torre Leiva en su documental Tres semanas después, y a modo de ‘réplica’ el corto ganador La calma del peruano Fernando Vílchez, los cortos de Maya Watanabe, la originalidad de Priotr, del chileno Martín Seeger, la incomprendida (y en muchos sentidos genialmente incomprensible) película argentina Teoría de Cuerdas, cuyo título nos da bastante anticipo de lo que podamos ver, sin pasar por alto aquellas 2 maravillas que son Todos Vos sodes capitans de Oliver Laxe y Manuel de Ribera de Christopher Murray y Pablo Carrera.

Todas ellas, salvo la multipremiada película de Oliver Laxe, son trabajos en digital. Muchos de ellos son tesis de vida, manifiestos sediciosos, estilos disidentes, otros producidos bajo condiciones que muchos considerarían desafiantes (sobre todos aquellos que estarían dispuestos a gastar 300,000 ó más para un transfer), es decir un tipo de cine que no espera 4 años para aspirar algún fondo internacional, que no hace colas complacientes para burócratas que quieran intervenir en la película para hacerla “más visible”. Son anti comerciales pero no esquivas, pues muchas podrían bien estar en cualquier cartelera si esta no estuviera acostumbrada a la bosta.

El Festival ha sido independiente mostrando películas verdaderamente independientes.

 
Existen muchos públicos, muchas películas, muchos espacios, pero era ya insultante que no existiera un espacio que reuniera este cine, para este creciente público que sigue cineclubs, que compra en el pasaje 18 de Polvos Azules o que Taringa, Emule y los Torrents suplen sus necesidades cinéfilas. Que en pleno siglo XXI, en plena revolución informática, no se acepten trabajos en digital, o que se les reduzca a muestras por no entrar en estándares acartonados de hace décadas, que se privilegie sólo un modelo de producción, y casi una sola estética, habla mucho de nuestra realidad cinematográfica.

Mientras muchos reclamen la existencia de más fondos, de subsidios para carreras ya hechas, de industria (¿bajo qué modelos?), de mayor cantidad de “producciones” hechas bajo esos criterios, los cineastas (auto)relegados hacen películas, se hacen de espacios, y tratan de llevar a la gente una alternativa ante la saturante y neocolonizada cartelera limeña.

Pero el Festival también mostró la necesidad de una Escuela de cine, de espacios para que los cineastas confluyan propuestas, compitan (visto esto desde la mejor acepción), dialoguen, se alimenten de las tendencias, de los nuevos cines a fin de mejorar su propio lenguaje. Llego a esta conclusión al ver la distancia entre lo que se está haciendo aquí y lo que, casi con las mismas condiciones y presupuestos, se hace en Chile, Argentina, Bolivia, por mencionar algunos países de la región. El factor diferencial no puede la industria, porque de lo contrario, todas las películas saldrían bajo modelos de industria y ese no es el caso.

Además de llevar ese dialogo con cineastas, críticos y público de esos países, algo que también consiguió y puede conseguir mejor después del Festival, ya que este espacio sirve para que el ciclo de vida de nuestras películas se prolongue, aparte de los esfuerzos personales de cada realizador por internacionalizar su trabajo.


(Tres semanas después, de José Luís Torres Leiva. Chile. 2010)

lunes, 30 de mayo de 2011

1º FESTIVAL DE CINE LIMA INDEPENDIENTE - DEL 20 AL 25 DE JUNIO 2011





Ha nacido un nuevo cine en el Perú y nosotros queremos dar cuenta de este hecho. Un grupo de películas realizadas en formato digital y de bajo presupuesto obliga a reescribir la historia del cine peruano. Nunca hasta ahora este material valioso, pero disperso, ha sido visto en su totalidad por su público natural, gente de espíritu joven, curiosa y sensible a experiencias estéticas innovadoras. Nuestro objetivo es darle a este nuevo cine el espacio que se merece, crear un circuito de exhibición más amplio y generar diálogo y reflexión sobre este fenómeno; a la vez que compartir con el público las obras de importantes directores independientes de diversas partes del mundo.

Habrá además conversatorios con participación de los realizadores, exposiciones artísticas, conferencias, performance, entre otras actividades multidisciplinarias.

SEDES:

Universidad Peruana Cayetano Heredia - Av. Armendáriz 445, Miraflores.

Universidad Del Pacífico - Av. Salaverry 2020, Jesús María.

Centro Cultural Escuela Nacional de Bellas Artes del Perú - Jr. Huallaga 402, Cercado de Lima.

Escuela de Arte Corriente Alterna - Renán Elías 500, Miraflores.

Restobar Cultural Koka Kinto - Jr. Wakulski 177 (entre crda 1 y 2 de la Av. Brasil), Cercado de Lima.
Cineclub de Pueblo Libre - Av. Cipriano Dulanto 949, Pueblo Libre.

Centro cultural La Casa Rosa -   Av. Saenz Peña 212, Barranco.



COMITE ORGANIZADOR:


ASOCIACIÓN PERUANA DE CINE INDEPENDIENTE

Mario César Castro Cobos.
Viviana Anabell Quea Acosta.
Herbert Félix Bazán Aguirre.
Erik Eduardo Quispe Alarcón.
Marco Antonio Ramos Saettone.
Alonso Izaguirre Godoy.

Colaboradores:


John Campos Gómez
Jim Marcelo Santiago
FENACO

Enlaces:
http://limaindependiente.blogspot.com/2011/04/lima-independiente-film-festival.html
http://www.facebook.com/Cinelimaindependiente
http://twitter.com/Limdependiente




 

lunes, 9 de mayo de 2011

"El camino de los independientes" artículo publicado en la revista Godard



Por Sebastián Pimentel

… La propuesta de la dupla Quispe-Marcelo está la senda de un realismo “rohmeriano” concentrando en la tensión establecida entre parejas, y en planos secuencias que funcionan como unidades o flujos sin interrupción. 3, es la continuación de un programa iniciado por 1 (2008) y 2 (2009). Y, podríamos decir, cada episodio o “largo” no es más que una variante de una conversación de un pretendiente y una pretendida, de dos enamorados en el proceso “oral” de unirse o separarse.

Quizá, lo más interesante del “sistema” Quispe-Marcelo (ambos socios y líderes del grupo de creación Cinestesia) es la vocación filosófica y pragmática de su proyecto-laboratorio: uno tan secuencial, tan serial, como el título de cada película. Un programa de trabajo sin fin alrededor de un tema que podría denominarse, casi como una fórmula: “la soledad de la pareja”, valga la paradoja. Este filme no puede acabar porque tiene que re-hacerse con todas las combinaciones de un número limitado de elementos. Al parecer, se trata de llegar a un virtual 100: con Quispe y Marcelo el cine se ha vuelto un poco lo que fue para Vertov a inicios del siglo XX: un instrumento de trabajo y de estudio, una forma de conocimiento. De allí lo fascinante de este método.

Si 1 se remite a la especie de nacimiento abortado de una pareja que divaga en escenarios urbanos, emplazando los rostros como un asedio que permita diferentes ángulos, 2 hace un viraje hacia “afuera”: empieza como un documental sobre un día en las riberas del Centro de Lima que termina en la fiesta donde, de nuevo, el mismo Quispe asume el rol protagónico. Luego, vemos al director, como a Linda Soto, empezar, cada uno por su lado y en paralelo, su propia rutina solitaria, aunque desde dos clases sociales diferentes. Como es de preverse, ambos se encontrarán. Un aspecto interesante de la serie se refuerza: la escucha de la conversación se enturbia por el ambiente, casi como se enturbia la visión de los rostros por la navegación de la cámara alrededor del entorno próximo. Sin embargo, la “negociación” final entre la pareja de 2, en un parque, podría ser lo menos convincente de una propuesta que no llega a sentirse íntima: esta vez la soledad no tuvo contrapunto mayor.

 
3 devuelve, al proyecto, una fuerza que quizá había perdido 2. Ahora, en la noche, una cámara recorre, con ese estilo sistemático del proyecto Cinestesia, las bancas de un parque. Así, el filme se estructura como una red de pequeños filmes unidos conceptualmente, ya que todas las parejas encontradas despliegan un micro-show oral y dramático directo. La nueva ola, el Dogma 95, y todos los free cinemas, tienen su continuidad en 3, con el atractivo que ahora las parejas son múltiples y el filme adquiere un carácter más eléctrico, cómico y violento, incluso más documental, que en el caso de las historias protagonizadas por Quispe. Si bien no todas las dinámicas gozan del mismo nivel de naturalidad y fluidez, otro atractivo es que no hay cortes en este devenir audiovisual, especie de tour de forcé sobre distintas parejas-universos en un cosmos urbano donde el sonido interferido hace su espectáculo secreto. Vuelve una pregunta muy contemporánea, forzada por 3, pero ya entrevista en 1 y 2: ¿Qué sucede cuando la ficcionalización de la propia vida pierde sus contornos ilusorios, en el flujo libre de oralidad registrada de forma documental y precaria?

Pero si tuviéramos que elegir, nos quedaríamos con la más menesterosa -técnicamente hablando- y concentrada 1. Allí el mismo Quispe, como protagónico pretendiente, emplaza, en una secuencia de conversaciones y “sets” en exteriores, a su pretendida: Grecia Aguinaga. El proceso adquiere misterio y expectativa por la incorporación de otro tema fundamental del cine moderno: el tiempo. Las largas secuencias de diálogo empiezan en un orden cronológico, en un arco temporal reducido (ellos en la calle, ellos en un café, ellos en un solar antiguo), para permutar el orden del tiempo, de modo que el espectador tiene que participar en la reconstrucción del proceso que ha llevado la relación, atendiendo, también, a los diversos signos y “datos” que proliferan en las dilatadas conversaciones. Nuestra preferencia, hay que decirlo, elige un criterio: el nivel de tensión entre los personajes, y el grado de complejidad que va adquiriendo su relación, de principio a fin. Es la más parecida a una historia de amor inconclusa, o indefinida de las tres y, quizá, la que conserve un mayor poder emotivo.


Por Sebastián Pimentel



viernes, 1 de abril de 2011

Teaser y Poster de "4", otra película de Cinestesia Perú...





Esta es la primera entrega de imágenes de la película "4" realizada por Eduardo Quispe Alarcón y Jim Marcelo Santiago. Adjuntamos la ficha técnica.

FICHA TÉCNICA:
Título (idioma original): “4”
Género: Ficción/Documental/Experimental
Formato: 16:9
Duración: 70 min.
País: Perú
Año: 2011
Idioma: Español.

Dirección: Erik Eduardo Quispe Alarcón
Idea Original/Guión: Erik Eduardo Quispe Alarcón
Cámara: Jim Marcelo Santiago
Fotografía: Jim Marcelo Santiago
Sonido: Erik Eduardo Quispe Alarcón / Jim Marcelo Santiago
Edición: Erik Eduardo Quispe Alarcón / Jim Marcelo Santiago
Producción: Cinestesia Producciones
Reparto: Eduardo Quispe, Diana Castro, Brenda Betetta, Cristina Galarza, Christian Reátegui, Erika Mariazza, Giuliana Mallma, Grecia Aguinaga, Jackeline Castillo, Karla Mallma, Leny Tapia, Nati Espino y Stephania Navarro.
Con el Apoyo de: Ana Balcazar, Javier Bellido, Gonzalo Velasquez, Jhon Campos y Hugo Palomino.

 
Sinopsis
Un joven misántropo y cinéfilo, conoce a una vendedora de películas en dvd, dando rienda a su emotividad reprimida y desencadenando una apasionada obsesión por ella. Pero las cosas no parecen ser como se las imagina, y la gran ilusión puede convertirse también en una gran decepción, que lo lleva a divagar por la ciudad y entre la variedad de gente que la habita, quienes, entre diálogos, van mostrando el pensamiento generacional sobre las relaciones humanas.


Algunas palabras del director:

"Hace bastante que me propuse realizar un ensayo sobre el amor posmoderno, es decir, retrata una sociedad incapaz de mantener vínculos sólidos y perpetuos. Esta fragilidad en las relaciones personales, produce muchos fenómenos sociales, porque siempre se enfrentan la exigencia personal y la familiar/social; por una parte toda la sociedad espera que uno cumpla al pie de la letra el ciclo de estudiar/hacer una carrera/casarse/tener hijos, y esa misma sociedad impone una cultura del éxito y competitividad, que de por sí, son actitudes y motivaciones bastante personalistas, que generan huídas masivas al compromiso, que ata nuestro ‘potencial’, y nos exige entrega y desprendimiento, sin dejarnos muchos beneficios.


Así, el amor se vuelve un ‘negocio’, el individuo aprende a amar a través de la publicidad y los modelos de la cultura pop, y se enfrenta a una indefinición de los sentimientos, las relaciones y de los roles sociales. Bueno, es un rollazo, pero tratamos de hacer una película que experimente más en la narrativa y el planteamiento visual, y que ayuden a identificar varios indicadores del comportamiento de la gente en ese aspecto, de la muy peculiar sociedad limeña, observándola y escuchándola. Hemos tratando de mantener ese enfrentamiento de personajes contrapuestos, que a la vez, son muy similares, algo que ya hemos estado desarrollando en nuestras películas anteriores”

Eduardo Quispe
Diana Castro y Jhon Campos

Grecia Aguinaga, Eduardo Quispe y Karla Mallma

Eduardo Quispe y Karla Mallma

Grecia Aguinaga, Eduardo Quispe y Karla Mallma

Eduardo Quispe, Diana Castro, Stephania Navarro, Leny Tapia, Cristina Galarza, Brenda Betetta y Erika Mariazza



Eduardo Quispe, Diana Castro, Stephania Navarro, Leny Tapia, Cristina Galarza, Brenda Betetta y Erika Mariazza


Diana Castro en una escena grabada en "Mondo Trasho" Polvos Azules pj. 18
Eduardo Quispe en "Mondo Trasho" Polvos Azules pj. 18
Jim Marcelo grabando a Leny Tapia, Stephania Navarro y Cristina Galarza.
Hugo Palomino y Eduardo Quispe, alistando la locación de una escena.

martes, 8 de marzo de 2011

CON USTEDES, EL CINECLUB "VIDEANDO" DEL COLECTIVO CINESTESIA




El colectivo Cinestesia, después de programar por 2 años en el cineclub “Ojos abiertos” de la UTP, ha intentado siempre mantener una programación atractiva para los amantes del cine, con ciclos especiales, temáticos, por autores, vanguardias, (sub) géneros, etc... Comunica al público en general que ese espacio está ahora en manos de la Dirección de Cultura de la UTP, con la que no tenemos ninguna relación, ni afinidad, por lo cual, no nos responsabilizamos ni participamos de los ciclos que en adelante se programen en ese cineclub.

Sin embargo, continuaremos programando en nuestro espacio habitual, el local de talleres de arte de la UTP, ubicado en pasaje Hernán Velarde 179, Lima (altura de la cuadra 1 de Petit Thouars), esta vez, con el nombre “videando”…


A continuación; les presentamos la lista de actividades de nuestro cineclub:


Ciclo: “James Lee: La trilogía del amor”


James Lee es un director primordial del nuevo cine malayo, que surge desde el video digital y el cortometraje, realizado con la precariedad propia de un movimiento “Do it yourself”. Su trayectoria como director es variada, desde sus experimentos con el género y propuestas más personales, siendo a su vez productor, director de fotografía e incluso actor, principalmente para otro director del movimiento Tan Chui Mui, y también en la primeras películas de Amir Muhammad o Ho Yuhang, a través de su propia productora, Doghouse73 o de la del grupo, Da Huang.


La “trilogía del amor” es una de sus propuestas más interesantes, contienen las películas:


BEFORE WE FALL IN LOVE AGAIN (Nian ni ru xi)



 Malasia / 2006 / 99 min.


Proyección: JUEVES 10 DE MARZO 2011, 7:30 P.M.


Ling Yue desaparece misteriosamente. Un mes después, Chang, su marido, decide ir a Praga a buscarla, ya que ella siempre se ha sentido fascinada por esta ciudad y es posible que se encuentre allí. Antes de emprender el viaje aparece Tong, un hombre que dice ser el amante de Ling Yue, y que también necesita saber por qué ha desaparecido. Una película sobre sueños, recuerdos y traiciones, en definitiva, un rompecabezas armado con piezas de emociones humanas.


THINGS WE DO WHEN WE FALL IN LOVE



Malasia / 2007 /89 min.


Proyección: JUEVES 17 DE MARZO 2011, 7:30 P.M.


Narra la historia de dos amantes que están intentando encontrar una solución a su relación, lo que provoca discusiones a menudo. Un día deciden emprender un viaje fuera de la ciudad en coche. Su esperanza es poder resolver los problemas, o al menos escapar temporalmente de ellos. Una relación difícil que sin embargo se sustenta gracias al gran amor que se tienen uno al otro.



WAITING FOR LOVE



Malasia / 2007 / 70 min.


Proyección: MARTES 22 DE MARZO 2011, 7:30 P.M.


Tres escenas sobre tres parejas cada una de ellas retratada en un punto conflictivo de su relación. En la primera escena, Lim y Amelia son una pareja que llevan juntos cinco años. Él trata de salvar su relación y le pregunta a su pareja si desea casarse. Una carta de un admirador añadirá más tensión a la relación. En la segunda escena, Pete y Bernice son una pareja que llevan ya diez años juntos. Ellos no se casan porque no creen en el matrimonio. Sin embargo, ella un día se da cuenta de que puede que él no sea su pareja ideal. En la tercera escena, Ami y Lai son una pareja de amantes. Puede que sea su último encuentro, o tal vez no.


MARTES 29 DE MARZO 2011, 7:30 P.M.


NUEVO CINE PERUANO:
CORTOMETRAJES DE MONICA PALOMINO, MIGUEL VARGAS, EDUARDO QUISPE, JIM MARCELO, MARIO CASTRO y HUGO PALOMINO.

 
AGAIN de Hugo Palomino (7 min.)
La espera, el entusiasmo, la ansiedad, la desesperación, el cansancio y la renuncia...La esperanza, la cita, la espera, el entusiasmo, la ansiedad...etc...

GARANTÍA DE POR VIDA de Eduardo Quispe (2 min.)
Un vistazo al instante después del suicidio de un joven, intentando entender el porqué de su decisión.
INTRIGAS I de Eduardo Quispe (10 min.)
Un par de amigos conversan sobre las relaciones de poder que se dan entre una pareja. Uno de ellos es el director de un cortometraje que se está enamorando de su protagonista, echando abajo su discurso en la práctica.

LIBERTAD Y DEMOCRACIA de Eduardo Quispe (5 min.)
Un requiem para los desaparecidos por el terrorismo de estado durante la guerra interna.
CUBO de Mónica Palomino (1:10 min.)
Universos paralelos que dialogan; un personaje misterioso limitado a repetirse en tiempo y espacio.
“X” de Mario Castro (5 min.)
Contemplativo. Un ejercicio estético y sensorial que desafía nuestra capacidad de atención.
OBJETO de Jim Marcelo (3 min.)
Animación. ¿las personas son fines o sólo medios, son individuos particulares o proyeccciones de los demás?
CONCRETO de miguel Vargas (7 min.)
Ficción/documental, el techado de una casa en un paraje alejado de la ciudad muestra los niveles de construcción de la sociedad limeña.

Conversatorio con los directores al final de la proyección.




jueves, 23 de diciembre de 2010

LO QUE SE VIÓ: BALANCE DE UN DÉCADA


'Syndromes and a Century' de Apichatpong Weerasethakul

Esta década está marcada por la hegemonía de los medios informáticos y la tecnología digital, que hizo que el cine mundial alejado de Hollywood llegue a nuestro país por distintos medios, alimentando la escena nacional e influenciando al cine que se hace con menos recursos y más entusiasmo.
No puedo calificar películas como “buenas” o “malas” porque no es dicotomía válida en el arte. Tampoco se puede evaluar sobre si funciona o no una película porque eso sería un pragmatismo que reduciría un análisis a pura estadística y criterios técnicos. Digamos que podemos hablar del VALOR de las películas, tanto por su aporte al cine; en aspectos narrativos, técnicos, expresivos, etc. como en los riesgos que asume, pues, una película que sólo se zambulle en las olas de las tendencias, o en la mar de popcornmovie no merece mi respeto, ni mi apreciación o valoración.

Sin más preámbulos, ahí va el balance:

'Tres monos' de Nuri Bilge Ceylan
LO NUEVO QUE VINO:
Le deberemos muy, pero muy poco, a las distribuidoras en el país. Pero el mercado alternativo, internet, y sobre todo muchos cineclubistas nos han dejado ver y valorar el mejor cine mundial (el cine se está reescribiendo ahora más que nunca), trayendo incluso filmografías completas de autores que durante esta década se han hecho imprescindibles.

Debo reconocer que gran parte de la tarea de este balance se facilitó por el ciclo que programó, desde octubre de este año, el cineclub de la Universidad Cayetanno Heredia; “Diez películas para una década”, en el cual se presentan (el ciclo continúa hasta el 20 de diciembre de 2010) una exquisita selección que incluyen “Las armonías de Werckmeister” de Béla Tarr (Hungría, 2000), “Un lugar en la tierra”, de Artur Aristakisian (Rusia, 2001), “My Winnipeg”, de Guy Maddin (Canadá, 2007), “Juventud en marcha”, de Pedro Costa (Portugal, 2006), “Tres tiempos”, de Hou Hsiao-hsien (Taiwán, 2005). “¿Qué hora es allí?”, de Tsai Ming-liang (Taiwán, 2001), “Shara”, de Naomi Kawase (Japón, 2003), “El mundo”, de Jia Zhang-ke (China, 2004).

Me detendré un momento en autores que han marcado para siempre la historia del cine, y que se han dejado ver en esta década.


What time it is there? de Tsai Ming Liang
Apichatpong Weerasethakul: Naturaleza misteriosa.

No puedo dejar de lado mi subjetividad y emocionarme al escribir del que considero el cineasta de la década. Me viene en poco que haya ganado la última Palma de Oro en Cannes, el cine de Apichatpong ha sido el más arriesgado, personal y universalmente bello que he podido apreciar a la fecha. Su naturalismo no es sólo un enunciado de los hermosos paisajes, del sonido tan minucioso, sino del manejo actoral, sus representaciones parecen extraídos de documentales, de alguna cámara oculta entre los personajes interactuando con ellos sin alterar su estado casi silvestre.

“Mysterious object at noon” (2000) es un pronunciamiento de un cine que se escribe mientras se graba, que se construye colectivamente con la complicidad del público, a quienes el director entrevista, para ensayar sobre la creación del mito, un tema tan presente en la filmografía del tailandés. “Blysfully yours” (2002) es una poética afrenta al cine tradicional y académico; planos secuencia contemplativos, y que trasladan (literalmente) al espectador al interior de los personajes y de sus sitios. La comunicación y las relaciones más allá del idioma; la piel, el cuerpo y el bosque como metáforas de cambio y deseos de cambio. Es también un sutil tratamiento de un tema político espinoso, como el de la inmigración debido a conflictos internos. “Tropical Malady” (2004) es la película perfecta en muchos sentidos; un díptico que reúne ficción y documental, realidad y mito, historia y metáfora, ciudad y campo, amor y abandono... “Syndromes and a Century” (2006) es una lección de cine contemporáneo; hay poco que entender y tanto que analizar, hay tan pocos rastros de relato y mucho que percibir sensorialmente. Esperamos con ansias Uncle Bomme recalls his many past lives, que imagino llegará por los mismos medios con los que llegaron sus demás películas, las cuales pudimos ver este año en un ciclo programado por el cineclub “ojos abiertos” de la UTP.


Apichatpong Weerasethakul
 Hou Hsiao Hsien: La historia como excusa.

Hou Hsiao Hsien (HHH) no tiene reparos en dificultar las cosas al público, y sin embargo hace tanto por los que se atreven a ver completa algunas de sus obras. No es alguien que coge una enciclopedia de historia de Taiwán y se pone a filmar recreaciones. Lo suyo es mostrar el sentir de la época, los pormenores internos, muchas veces en vigencia. En todo caso, es la historia de las relaciones, vistas desde distintas épocas. Así, una pareja de inicios de siglo, durante la ocupación japonesa, una de los años 60 en plena guerra fría, o una de los desencantados, y más posmodernistas que nunca, años 2000, son recreados con una contemporánea mirada, que se detiene en los sentimientos eternos. Un narrador visual invisible, pero omnisciente y omnipresente, que no teme emocionarnos primero, para luego desencantarnos. Eso hace HHH en “Three Times” (2005), su película más aplaudida.

Cabe precisar que HHH nos regaló su obra más madura durante esta década, así “Millenium Mambo” (2001) nos adentra a esta, nuestra época de amores indefinidos, de dudas existenciales que no alborotan, pero que sin embargo, nos llevan a una búsqueda de “algo”. Desarraigo que no inquieta, pero que mueve a sus personajes, los hace encontrarse, alejarse, retraerse, y volverse a juntar, casi como si fuera el mismo proceso. Lo argumental cuenta tanto como lo histórico, pues se trata de adentrarnos en el mundo emocional de los personajes, meticulosamente recreados a fin de generar un ambiente “natural” (vaya palabrita, debo encontrar otra, y si no hallo, pues, ¡Qué más da!), sugestivo y lleno de color.

Hou Hsiao Hsien
En “Café Lumiere” (2003), una muchacha embarazada quiere vivir a su modo (sin que eso lo tenga tan definido, claro está) y un muchacho enamorado de ella, que sin embargo, no le dice ni pio sobre ello. HHH nos maravilla con una narración escueta, lejana, con planos secuencias donde la levedad y la temporalidad son ejes de la vida; porque eso sucede en las películas de HHH, son vidas filmadas, dadas a conocer a través de tazas de café, autobuses, y trenes. Luego de un acercamiento a Japón (Café Lumiere iba a ser un homenaje de 3 directores a Yazujiro Ozu, pero HHH terminó asumiéndolo solo), el taiwanés graba en Francia “Le Voyage du Ballon Rouge” (2007); una narración sencilla llena de sutilezas, en las que nos acerca a la vida de una madre soltera marionetista, un niño que escucha a Brel, una cineasta taiwanesa que hace de niñera, y un globo rojo que les sigue. Entre exploraciones domésticas, y citadinas, podemos adentrar a la vida de los protagonistas que transcurre apacible, en un pequeño y bohemio apartamento parisino.

Nuri Bilge Ceylan: ¿Quién dijo que el cine postal no es bello?.

No he visto películas con fotografía más lograda (¡Y en digital!...gran lección para los fundamentalistas del celuloide); con esos contrastes y sepiados tan sublimes, muchas veces sombríos y melancólicos, pero siempre efectivos. La corta filmografía de este cineasta turco no puede pasar por alto en esta década. La confianza, la ilusión y el amor fracturados; ese es el ambiente de los personajes de Nuri Bilge, capturando lo complejo de sus relaciones de forma minimalista e íntima, visto siempre desde la cotidianeidad.

“Uzak” (2002) explora de, las distancias entre los seres humanos, a pesar de los lazos sanguíneos o emotivos. Es un deleite contemplar esta película, pues el director turco hace de cada plano una obra de arte en sí misma. “Iklimer” es un retrato certero de una pareja contemporánea; personas que tienen tan poco en común y que no son felices viviendo juntos, ni separados. Mientras que en “Üç Maymun”, se explora el núcleo familiar fracturado, donde los miembros están reunidos, pero cada uno pone en juego la (in)estabilidad familiar con actos peligrosos, que aparentemente tienen fines nobles y de beneficio colectivo, en esta extraña forma de quererse sin contar unos con los otros.

Nuri Bilge Ceylan
Naomi Kawase: La vida es un fantasma.

El cine Naomi Kawase está relacionado al luto y la pérdida; a las formas de cómo resurgir a la vida después de la muerte, no la propia, sino la de alguien que hemos querido, quizá más que a nosotros mismos. El agua siempre es un elemento purificador, ya sea del sufrimiento o del recuerdo no superado. Sus documentales, tan personales y experimentales, desnudan a la cineasta (“El tema soy yo” mencionó en la entrevista concedida a Aaron Gerow) con su visión particular de la vida; su cielo, su tierra y su infierno.

Tengo la deuda personal de revisar su filmografía, pero hablaré de las películas que pude ver, gracias a polvos azules (casi toda su filmografía está ahí). “Cielo, viento, fuego, agua, tierra” (2001), documental que exorciza su pasado del abandono de sus padres, la muerte de su padre y su adopción por parte de su abuela, algo que también mostrara en “Nacimiento y maternidad” (2006), película de una sincera crudeza, que enlaza la muerte de su abuela y el nacimiento de su primer hijo, algo que deja ver en la magnífica “Shara” (2003), una ficción (aunque esa definición no tiene relevancia ni sentido en el cine de Kawase) que es casi un ensayo etnográfico. En “El bosque de luto” (2007) muestra a 2 personas generacionalmente apartadas; una joven enfermera cuyo hijo se ahogó, y un senil hombre que perdió a su esposa, confluyen en un asilo, y están ineludiblemente emparentadas por el dolor, adentrándose a la paz interior dentro del bosque, que sirve de plataforma para dar el último adiós a sus seres queridos.


Naomi Kawase

Tsai Ming Liang: El tiempo, la soledad y los relojes.

Un personaje, múltiples situaciones de una historia contada en varias películas, sin que estas sean estrictamente secuelas. “What time is it there” (2001) me presentó la obra del taiwanés, y me introdujo a las vicisitudes de Hsiao-Kang, protagonista de todas las películas de Tsai Ming (interpretado por el actor Lee Kang-Sheng), no pudo haber mejor manera.

Podría decir que tuve una epifanía después de esta película, que ha marcado mi vida y mi visión del cine. 2 personas que apenas se conocen (“Ella” interpretada desde entonces por Chen Shiang-Chyi), están enlazadas por la muerte, por el tiempo, por los fantasmas y sobre todo, por la soledad. Después de jugar con las expectativas de una secuela de esta maravillosa película con el corto “The Skywalk Is Gone” (2002), en la que los 2 personajes no concretan el anhelado reencuentro, viene “Goodbye Dragon Inn” (2003) una oda al casi extinto cine clásico y al cine naciente, lleno de posibilidades visuales (no en vano está metáfora del abuelo que lleva al nieto a su primera función de cine).

Retoma de nuevo a los 2 personajes solitarios en “El Sabor de la Sandía” (2005), esta vez en un contexto de sequía, de sandías y pornografía; combinación que desencaja tanto como el amor y el sexo. “I don’t want to sleep alone” (2006) cambia de contexto, esta vez es la homofobia y la inmigración forzosa, en la que estar juntos es la mejor forma de tolerar la miseria. Estoy a la espera de ver “Visage” (2009), en la que añade a su cine el universo Truffaut, que tanto le ha influenciado (incluso aparece en el film el actor Jean-Pierre Leaud como el añejo Antoine Doinel).

Tsai Ming Liang
El tiempo y el espacio juegan en mi contra, pero no puedo dejar de mencionar la filmografía del finlandés Aki Kaurismaki, que vimos en un ciclo del cinematógrafo de Barranco, el festival de cine europeo, y el Festival al este de Lima, espacios importantes que también sirvieron para descubrir obras de gran factura como la de los rumanos Christian Mungiu, de quien pude ver la galardona “4 meses, 3 semanas y 2 días” y “Occident”, Corneliu Porumboiu, Cristi Puiu y su inolvidable película “La muerte del señor Lazarescu”, o Cristian Nemescu y la destacada “California dreamin’”. Bruno Dumont y la belleza de lo común, tan presente en las geniales “29 Palmas”, “La vida de Jesús” y “Flandres”. Pedro Costa, con su peculiar estilo de cine directo “Huesos” y “Juventud en marcha”, Nicolas Klotz y su película tan ambiciosa como el mismo título “La Question humaine”, la interesante “Du Levande” del sueco Roy Anderson, destacable es también Arthur Aristakisian, inclasificable cineasta que con sólo 2 largometrajes (uno de ellos “Un lugar en la tierra” del 2002) ha instalado su obra en la vanguardia cinematográfica, y ya que estamos en eso, mencionaré los docudramas el anglo Peter Watkins, que si bien es cierto pertenecen a otras décadas, (La Comunne, 1999, magna obra de 6 horas), pudimos ver esta década gracias al paraíso de polvos azules.


Las filmografías de autores consagrados, como Jean Luc Godard (“Elogio al amor”, “Nuestra música”), Alain Resnais (“Coeurs”), Manoel De Oliveira (“Una película hablada”, “Belle Toujours”), Michael Haneke (“Codigo desconocido”, “La profesora de piano”, “Escondido”) y los desaparecidos Claude Chabrol (“Una chica cortada en dos”, “La Dama de honor”), Eric Rohmer (“Triple agente”, ), Ingmar Bergman (“Los creadores de imágenes”, “Saraband”) han mostrado una lucidez en el final de sus carreras, dejando intacta o muchas veces superando su marca en la producción de genialidades obras maestras.


'Notre musique' de Jean Luc Godard

El cine asiático es por demás el más interesante de estos últimos tiempos, pues aparte de la obra de los directores anteriormente reseñados, me quedo con “Last life in the universe” del tailandés Pen-Ek Ratanaruang, su paisano Ekachai Uekrongtham y el documental/ficción “Pleasure Factory”, así también el trabajo de los directores chinos Wang Bing con la exigente “Crónica de una mujer china”, que recuerda lo contemplativo de un solo plano de "Shirin" Abbas Kiarostami, Jia Zhang-ke, y sus película “El Mundo”, Quan’an Wang y “la boda de Tuya”,  Hong Sang-soo con “Woman on The Beach”, y el cine filipino que sorprende cada vez más. Del que he podido ver, destaco a Brillante Mendoza con su hiperrealista obra "Serbis".
Interesantes también los trabajos de la cresta de la nueva ola asiática, algo rankeados pero notables, como el cine de, Zhang Yimou (“La casa de las dagas voladoras”, “Heroe”, “La maldición de la flor dorada”, “La búsqueda”), Kim Ki Duk (“Primavera, verano, otoño invierno, primavera”, “”Hierro 3”, “Aliento”), las pesadillas de Park Chan-Wook (“La trilogía de la venganza”, en la que destaca “Old boy”), Takashi Miike (“Visitor Q”, “Gozu”, “Izo”, “Audición”), Kyoshi Kurosawa (“Futuro brillante”, “Cura”, “Tokio Sonata”), Shynia Tsukamoto, que entre otros trabajos retomó la revolucionaria saga de “Tetsuo” y principalmente Won Kar Wai (inolvidables son “Con ánimo de amar”, “2046” “My blueberry nights”).

'Funny ha-ha' de Andrew Bujalski 
 Del cine norteamericano destacaré el movimiento “The New Talkies: Generation D.I.Y.” (mal denominado “mumblecore” o “slackavettes”/mezcla de “flojo” y “Cassavetes”, padre del indie film americano), quienes han redefinido el modelo de producción, a través de un cine en digital, producido, distribuido por sus propios realizadores (de ahí el termino D.I.Y.= “Do It Yourself”…ya escribiré a profundidad sobre este movimiento que me ha producido cierta simpatía, por tener una cercanía ética y estética), en la cual los directores Joe Swanberg (“Kissing on the Mouth”, “LOL”, “Hannah Takes the Stairs”), Mark y Jay Duplass (“Baghead”, “The Puffy Chair”), Andrew Bujalski (“Funny Ha Ha”, “Mutual Appreciation”, “Beeswax”), Aaron Katz (“Quiet City”, “Dance Party USA”), entre otros, se mofan de la industria del film independiente (sí, porque también hay industria de eso en gringolandia), con la utilización de recursos mínimos, trabajando intercambiando equipo y roles, y demás irreverencias, que se saltan todos los sindicatos y burocracias propias de los estudios.
En el plano de los indies, la desopilante “American Astronaut” de Cory McAbee, la cruda “Tarnation”, de Jonathan Caouette, la simpática farsa "Exit through the gift shop" de Bansky, la sencilla y agridulce “Old Joy” de Kelly Reichart, y la inclasificable “GoGo tales” de Abel Ferrara.

'Serbis' de Brillante Mendoza

Y como es casi imposible pasar por alto al cine de las grandes ligas (no por eso mejores), esta década nos mostró a los “nuevos” grandes maestros del cine contemporáneo gringo, como Paul Thomas Anderson (“Punch Drunk Love”, “Petroleo sangriento”), Los Hermanos Cohen (“El hombre que nunca estuvo”, “No es país para viejos”), David Lynch (“Mulholland drive”, “Inland empire”), Jim Jarmusch (“Café y cigarrillos”, “Broken flowers”), Sofia Copola (“Lost in traslation”), Wes Anderson (“Rushmore”, “Life aquatic”, “Viaje a Darjeeling”), Michael mann (“Enemigos públicos”), James Gray (“La noche nos pertenece” “Dos amantes”), Gus Van Sant (“Gerry”, “Elephant”, “Last days, “Paranoid park”), entre otros, que utilizan al star system para regalarnos joyas que quedaran para la posteridad. Asimismo, esta década nos mostró al mejor David Cronenberg desde “Crash”, con “Una historia violenta” y “Promesas del este”.



'Petróleo sangriento' de Paul Thomas Anderson
En el cine iberoamericano, José Luis Guerín con “En construcción” y su exquisita película “En la ciudad de Sylvia”, Julio Wallowitz con “Smoking Room” y “La Silla”, muestran un cine vivo, fresco, con propuestas no narrativas llenas de ideas y planteamientos visuales inspiradores. En nuestro continente es preciso mencionar a José Luís Torres Leiva, un joven director chileno con mirada madura, detallista, un observador metafísico, que sabe mostrar la belleza de lo ordinario hasta el umbral kantiano. Como ejemplos de ello: “Ningún Lugar en Ninguna Parte” y “El cielo, la tierra y la lluvia”. La visionaria directora argentina Lucrecia Martel, poseedora de un estilo único, inclasificable, una dulce y ácida transgresora, que ingresó al Olimpo de cineastas del futuro, son pruebas innegables de ello “La ciénaga”, “La Niña Santa” y “La Mujer sin cabeza”.

Lisandro Alonso es quizá el director más arriesgado de este continente. Asceta, trascendental, intransigente, genio. “La Libertad”, aquella aventura minimalista que lo llevó a la palestra y a Cannes, seguida de “Los Muertos”, un extraño viaje/ritual en clave casi documental, “Fantasma” un homenaje a Tsai Ming Liang, que también es auto homenaje, y la menos arriesgada “Liverpool”, que sin embargo mantiene la contundencia de las imágenes y el tiempo como protagonista. El mejicano Carlos Reygadas es un cineasta particular que tiene la virtud de ser varios cineastas y a la vez. “Japón”, “Batalla en el cielo”, y “Luz silenciosa”, los planos milimétricamente evaluados, con una pulcritud en el manejo visual, sonoro y podría decir que hasta olfativo, con la que nos muestra sus insólitas historias, de forma directa, precisa y estéticamente fulgurantes.


'En la ciudad de Sylvia' José Luís Guerín
La directora Paz Encina con “Hamaca paraguaya” nos muestra en contadísimos planos que el tiempo ya no es sólo una plataforma de un relato, sino que es también narrador. La espera que transforma las expectativas, que no cambia los climas, que nos adentra dentro de un reducido espacio en esa sensación de ser sólo personajes del tiempo, que en el presente esperamos el futuro retorno del pasado.

EL CINE NACIONAL:


El cine nacional de esta década sólo nos ha mostrado que es necesaria la ruptura; que no se puede seguir manteniendo una producción nimia y de cuestionable calidad, expresiva y estética, principalmente. Esta ruptura ha comenzado más o menos con películas ‘festivaleras’ (vale decir, películas que muestran ‘lo-que-los-europeos-quieren-ver’: popularismos exóticos, bizarría, marginalidad, podredumbre, miserabilismo, anacronismos culturales, casi canibalismo y una mezcla de Glauber Rocha con García Márquez), como “Días de Santiago” ópera prima de Josué Méndez, “Madeinusa”, “La Teta asustada” de Claudia Llosa, y en parte, aunque más sobrias “Paraíso”, ópera prima de Héctor Gálvez, y “Octubre” de los hermanos Vega, una versión limeña de Kaurismaki. Estas películas evidencian un interés por un estilo más personal, narrativas distintivas y considerables referencias (que no le quitan mérito, sino que intentan acercar sus obras al de las grandes figuras del cine mundial), mostrando también personajes e historias complejas, con indicadores contextuales, que buscan ser desencadenantes para análisis sociales, antropológicos y políticos, equivocados o no. Se puede conocer mucho del Perú de esta década (y sobre todo de las 2 décadas pasadas) a través de estas películas; tanto por la visión de los cineastas, como por las películas en sí, valiéndoles el reconocimiento internacional en los más importantes festivales de cine.



'Detrás del mar' de Raúl Del Busto

Pero, no se puede negar que gran parte de la producción nacional, mantuvo una “actitud” que evidencia una ausencia de ambiciones artísticas, intentando quizá la masificación, cosa que no se puede asegurar a pesar del aparente formulismo recurrente; con un tratamiento superficial de temas profundos, historias inverosímiles, teatralización de la puesta en escena, representación actoral que no convence, narrativa televisiva, relatos predecibles, con una insipiente carga expresiva, una serie de desaciertos temáticos en asuntos coyunturales, (la guerra interna, la desigualdad social y económica, la dictadura fujimorista, entre otros), climas impasibles, ritmos parsimoniosos, manejo del lenguaje básico, planos y encuadres regulares que llegan a ser sofocantes, aristotelismo a ultranza que han terminado por alejar al público, y terminar de decepcionar a la crítica especializada. Así se puede ver el cine de Lombardi, Tamayo, Durant, Pérez-Garland, Eduardo Mendoza, Fabrizio Aguilar, entre otros. 


'Días de Santiago' de Josué Méndez
Pero, para no ver esta década como un periodo deprimente, hablaré de las películas que salieron del formato, tanto de producción, como de tratamiento artístico, técnico y expresivo, que sobresalieron durante esta década:

“Detrás del mar” (2005) de Raúl Del Busto es de lejos la mejor película peruana de la década. Deudora de los cineastas trascendentales, Ozu, Bresson, entre otros, Del Busto nos muestra momentos inconclusos, personajes suspendidos en el tiempo, cuando el momento decisivo se fue, y los dejó varados. El mar como símbolo de lo inalcanzable; como la existencia ondulante, la presencia de lo que viene y lo que nunca no vino; lo que se espera sin la certeza de que vendrá. Se puede reflexionar tanto con esta película, pues es toda una experiencia visual, estética y espiritual.
Caso contrario es “SINMUTE” (2008), de Ana Balcázar y Javier Bellido, película que no tiene contemplaciones con el espectador, mostrándonos una pesadilla oscura y perturbadora, llena de viscerales momentos, freudianos, jungianos, lynchianos, pero no por ello desagradables, sino a través de un notable tratamiento visual en clave baja, con un cuidado estético considerando su soporte en digital, y que es propio de las artes plásticas, profesión que comparten ambos directores.

'Sinmute' de Ana Balcázar y Javier Bellido
Los Actores” (2006) del trujillano Omar Forero, es una atípica película realizada en provincias, pues recurre al relato sobrio, fluidas interpretaciones de “espontaneidad regulada”, con performances alejadas de burdos parlamentos memoristas o academicismos rígidos, por lo que el cáustico título de la película es por demás divertido. Cotidianeidad, situaciones sencillas dentro de la complejidad del ser humano; la soledad, la incomprensión, la incomunicación, la iniciación, la frustración, la recompensa en un final abierto.
Más experimental, personal, autorreferencial y arriesgada, “Reminiscencias” (2010) de Juan Daniel Fernández, es un viaje por la recuperación de la memoria de su autor, usando imágenes familiares de archivo, donde el director es más un neuro-montador de su propia identidad y recuerdos.

Las películas de Rafael Arévalo “Alienados” (2008) y “Kasa Okupada” (2010), son un desmarque a las convencionales historias tragicómicas-realistas, propias de nuestro cine. Acercándose más al trashmovie y el cine de culto, Arévalo muestra situaciones imposibles, con una irreverencia y gusto por lo estrafalario, que contagia. Con sus originales soluciones a problemas de registro visual o de audio, considero más destacada la primera que la segunda, que no llega a tener la contundencia visual o narrativa de su antecesora, pero que sin embargo, se deja ver con simpatía.

Encierro”(2009), del director Fernando Montenegro, recurre al género del suspenso, para hablarnos de los afanes artísticos por la notoriedad, donde los fantasmas son más reflejos internos, pues el peor miedo del artista es que, a pesar de sus esfuerzos, su obra nunca obtenga valoración que considera merecida.
Estas películas están realizadas sin padrinazgos, sin palmaditas en la espalda y con mucho empuje, con búsquedas de originalidad y pasión por el cine, algo que pareció extinguirse en las décadas pasada.

Con tal panorama, se espera que el 2011 sea el despunte del soporte digital, ya que sus autores dependen de sus propios medios y sólo rinden cuentas a su propio instinto, teniendo a su disposición el interés que comienza a despertar este “refresco”, ante tanta aridez estética y expresiva.



Eduardo Quispe Alarcón.

P.d. Me reservo de comentar mis propias películas, “1”, “2” y “3”, pero las menciono al menos por respeto a los que colaboraron con ellas, y que lo hicieron con tanta pasión y compromiso, que me hicieron disfrutarlas haciéndolas, como viéndolas. Sin ánimo de verme el ombligo, creo que su trabajo merece ser destacado en recuentos de lo que nos dejó esta década.